Todos tenemos experiencia como estudiantes y podemos recordar como ha sido nuestra andadura y los métodos empleados por nuestros profesores. Aunque los procesos de aprendizaje cooperativo no son nuevos, no han sido los más utilizados habitualmente en las aulas. En cambio, los métodos de transmisión directa si que han formado parte de nuestra formación, desde la educación primaria hasta la universidad.
El aprendizaje basado en problemas tiene grandes ventajas, entre las que podemos destacar el hecho de que es multidisciplinar, es decir, permite integrar y reforzar la conjunción de diferentes saberes. Acerca el proceso de aprendizaje al contexto del alumnado por lo que es más fácil que lo asuman como algo cercano y propio aumentando la implicación de estos y la motivación que esto supone. Fomenta la creatividad, la autonomía en la toma de decisiones y facilita tanto el trabajo individual como el colaborativo. Combina el aprendizaje de contenidos fundamentales y
el desarrollo de destrezas que aumentan la autonomía en el aprender. Permite desarrollar habilidades sociales al tiempo que sirve para satisfacer una necesidad, lo cual fortalece los valores y compromiso del estudiante con el entorno.
La otra cara de la moneda son los inconvenientes que, probablemente son la clave que ha impedido que este método haya sido elegido por la mayoría de los docentes. El aprendizaje basado en proyectos implica una mayor preparación por parte de los docentes. Es más complicado mantener el control sobre lo que cada alumno hace en cada momento. El proceso de aprendizaje suele ser más lento al igual que el ritmo al que se avanza la materia. Requiere una gran flexibilidad por parte del docente.
En cuanto a la instrucción directa, ya hemos comentado que ha sido el método por excelencia en el mundo educativo. Las principales ventajas son la comodidad que presenta a la hora de programar las materias, el control sobre los alumnos, la posibilidad inmediata de comprobar la asimilación de conceptos por parte de los alumnos mediante preguntas que hagan reflexionar sobre lo expuesto. Fomenta el trabajo individual del alumno a la hora de completar la información recibida en el aula.
Las desventajas más inmediatas son una pasividad del alumno, la utilización de técnicas de memorización a corto plazo para superar el exámen y la escasa motivación de los alumnos frente a un método que hace que no sean protagonistas del proceso de aprendizaje.
Ambos modelos, combinados en su justa medida pueden ser perfectamente válidos en el proceso de enseñanza-aprendizaje, mientras consideremos al alumno como actor principal de este proceso. No podemos caer en lo que se puede ver en muchas aulas, sobre todo de alumnos de educación infantil y primaria, que son alumnos distribuidos alrededor de una mesa realizando cada uno su propio trabajo individual.

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